Rexona no te abandona, pero mami sí. Mis padres se han ido a pasar toda la semana fuera y me han dejado solo con mi hermano. ¡Libertad!
¡Pues no! Creo que lo único que me ha faltado ha sido tatuarme en mi cuerpo peludo un delantal de Ikea. He pasado posiblemente más tiempo en la cocina que en el baño (cosa que en mí es muy extraña). Suerte que esta semana salía a las 18h del curro, porque sino podría haber muerto de inanición. Eso habría pasado en un mundo paralelo en el que mis reservas grasiles no existieran alojadas en mi duro a la par que perfecto abdomen, claro, porque en este, imposible.

He ido casi cada día de la oficina a casa. Nada más llegar ponte a fregar el tupper, para rellenarlo dos horas más tarde con la comida que te acabas de cocinar a tu manera para tener algo que meterte en la boca al día siguiente. Mete los tuppers en la nevera y friega lo enguarrado, para seguidamente volverlo a ensuciar porque, claro, hay que cenar. ¿Por qué tengo que comer tanto?
Creo que finalmente la soledad de estos días me ha hecho engordar en lugar de perder algún kilito que, dicho sea de paso, no me iría nada mal, o los japoneses me confundirán con un jugador de sumo peludo. Menos mal que mami (y papi) vuelve el lunes y volveré a ser el típico chico de 26 años que se encuentra todo hecho al llegar a casa. Eso sí, la independencia comienza a picar.

¿Y qué me hago yo para el lunes?
















