Hay que elegir gym.
A un lado del ring, Patricia, rubia de pote de las descaradas. Habla catalán pero dudo que sea el idioma que utiliza normalmente. Es una chica joven, no creo que llegue a los 25. Nos enseña el gimnasio. El sitio está bien, es un polideportivo de barrio, con 5 o 6 plantas, pistas de pádel, vestuarios decentes (con un tío en bolas al lado del jacuzzi como si estuviera tomando el sol). La sala de fitness parece un poco agobiante; es pequeña, hace calor, y tiene toda una panda de buitres musculosos reunidos como si fuera el gueto del esteroide. Patricia, muy inteligente, nos ha dado las tarifas antes de enseñarnos las instalaciones. Están bien, la verdad.
Al otro lado del cuadrilátero nos espera, ávida de comisiones, Martha, con hache intercalada, que es como muy de los tiempos de hoy en día. Martha con hache nos hace rellenar unos papelitos de los que posteriormente extraerán datos personales para spamizarnos en casa. Una de las casillas a rellenar es el sexo, hombre o mujer. Ante tal obviedad, no he podido más que preguntar a Miriam, porque las dudas me asaltaban. Hache con marta nos enseña el gimnasio. Tres piscinas, jacuzzi y sauna mixtos, diferentes salas de fitness, salas de actividades dirigidas… Vamos, lo que debe tener un gimnasio. Ella nos ha dado las tarifas después del tour. Dolor, dolor.

Huele a hombre
Patricia nos cobra 13 euros menos que Martha. Desventajas de los DiR.
Martha nos dice que nos da la matrícula gratis si nos apuntamos hoy, y que puede hacer la excepción si es mañana o pasado. Se quiere enrollar. No me gusta su rubio, por cierto. Y tampoco quiero pagar 100 eurazos de matrícula. ¡Matrícula! No, no, no.
Patricia trabaja a unos 10-15 minutos a paso ligero desde el trabajo, y a unos 45 minutos desde casa.
Martha presta sus servicios de captaclientes a unos 25 minutos desde casa y a unos 30 volviendo desde el curro.
15 euros marcan la diferencia. Eso, y que en uno no he tenido la sensación de agobio que me ha venido en el primero.
What do I have to do?
